noviembre, 2016

29novTodo el día09dic"Un, dos tres!... '' Fátima de BurnaySala Escalera (1.13).

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Detalles del Evento

Un , dos, tres!…, quien no recuerda la vitalidad con la que James Cagney se empeñaba y despliega, durante la película del mismo título, en transformar al yerno de su jefe, Otto, en alguien modélico. ¡Qué fuerza, qué energía y ánimo la de su personaje!. Pues bien, esto que os digo viene a cuento para hablaros de esta cualidad, y de unas cuantas otras (más), que se me vienen a la cabeza como respuesta a las actividades que Fátima de Burnay ha venido practicando desde hace ya algún tiempo. Y os puedo decir que no son pocas.

Para poner en marcha una actividad, a Fátima no le hace falta un tipo especial de gasolina para arrancar, se requiere de un plan, ya sea este crudo o cocido, y seguirlo con decisión. Primero hay que hacer esto, “uno”; después esto otro, “dos”; más tarde aquello, “tres”: Un, dos, tres…, y así, sucesivamente hasta conseguir llevar a cabo lo que se pretende. Vitalidad, dinamismo, nervio, fuerza o brío, llamémos como la llamemos, es esa, y no otras, la facultad que mueve sin descanso su particular motor desde hace tiempo, alimentado por la necesidad irrefrenable de hacer cosas y hacerlas principalmente con las manos. Sin olvidar que esta cualidad le permite ir salvando con sencillez cualquier contratiempo que le surja al paso.

Son distintas las facetas a través de las que Fátima nos muestra sus habilidades artísticas. Reivindicación de la heterogeneidad que no es más que la insistencia en aquella categoría clásica de variedad que nos habla del carácter plural de las artes y que tan buenos resultados le ha venido dando. De entre las diferentes cualidades que componen sus trabajos destacar la que procede de sus exigencias, y nada tan exigente como hacer un buen cuadro, un buen dibujo o un buen plato. Cosas que requieren de un trabajo inteligente, puesto que compromete al conocimiento y la comprensión de la tradición, sin que dejemos de lado sus intenciones, y aquí me aventuro en daros una respuesta, la de hacernos más libres y felices. Por cierto, qué tan lejos quedan estas cualidades en muchos de los artistas de hoy, tan preocupados en hacer de sus obras una cama de pinchos para el espectador, pero no, no es el caso de Fátima, muy lejos de todas estas prácticas y cerca de la idea que Matisse tenía del arte, un confortable sillón donde el espectador recompondría su cuerpo dolorido después de una jornada de trabajo agotador.

Como os decía son varias y variadas las actividades con las que Fátima nos obsequia. La de sombrerera es una de las primeras por la que se dio a conocer y por la que la conocí y sus creaciones tienen la inusual chispa de dirigir las miradas, incluso la de los ciegos más tozudos, a ese lugar donde las palabras se transforman en lenguaje adornándolo al mismo tiempo. Algo, me refiero a aquello que tiene que ver con la idea de ornamento dentro de las artes, tan olvidado por muchos en nuestros atribulados días. Sin embargo, sus sombreros están ausentes en esta exposición, aunque os aseguro que no hubiesen desentonado con los trabajos que presenta hoy.

El que entre sus ocupaciones figure la práctica del dibujo no fue algo que me sorprendiera. Recuerdo muy bien una serie de apuntes que realizo sobre los canales de Venecia durante una de sus estancias en tan pintoresco lugar, hoy muy conocido por albergar una de las muestra más prestigiosas de ese arte de fantasmagorías que es el cine. Me llamaron la atención por dos cosas, su rapidez y ligereza, dos cualidades que definen el primer ideograma del vocablo “Manga”, significando el segundo, “ga”, dibujo. Desde que los vi por primera vez, hasta ahora que conozco con mayor amplitud su obra dibujística, me afirmo en decir que su carácter coincide con el que Hokusai definió en el siglo XIX a un tipo de dibujo en concreto, y sus ecos los reconoceréis en los que se muestran en esta sala a partir de hoy: selvas, caparazones de tortuga o paisajes de arboles desnudos, entre otros.

El color también esta presente en sus producciones y lo hace colonizando el espacio por el tiempo (Juan Navarro Baldeweg), y por extensión invitando a que nuestra mirada pise y se mueva a través de caminos de colores, en unos casos, planos que se cruzan en otros, y desde estas líneas os animo a recorrerlos, también a perderos, y así abolir el tiempo, una de las características más notables de la pintura que la sitúan por encima de otras artes.

La cerámica es una de las últimas actividades en las que Fátima se ha zambullido y su emerger, teniendo en cuenta la distancia desde el punto donde se sumergió, encuentra su fundamento en esa constante que la ha guiado en sus quehaceres: el carácter ornamental. Para mi tan necesario en la elaboración de un cuadro, una alfombra o una cesta de mimbre; cosas en las que podemos encontrar espacios para la sensorialidad, y añadiré que hablo de una sensorialidad lo más descarnada posible, impertinente si cabe.

Las obras que podemos ver en esta exposición apelan a cosas como la belleza entre otras. “Es decir, la armonía entre la partes, la plenitud… La proporción entre las partes de algo es causa de placer”, nos dice Ángel González García

Estoy convencido que todo lo que Fátima expone, por primera vez en esta sala de la Facultad de BBAA, encierra toda una serie de parámetros y constantes por los que no ha dejado de interesarse desde que la conozco y que aluden a la luz, el equilibrio, la simetría, el ritmo, la proporción, incluso el peso, todo eso que G. Kepes (profesor en el MIT durante los años 60) incluyó en su libro “La educación de la visión”, y que por lo visto han dejado de despertar simpatías entre los artistas hoy.

Pero no nos dejemos llevar por los malos pensamientos y tiremos de vitalidad, de esa de la que impregna todo lo que toca Fátima, de ese carácter celebrativo que debe tener todo acontecimiento artístico, pues cualquier aproximación a la experiencia artística que no tenga en cuenta ese carácter esta condenada al fracaso, o a su ininteligibilidad. Ah!, no quisiera poner fin a lo que he dicho sobre Fátima, y por lo que me he dejado en el tintero, sin que sepáis, que entre sus plurales actividades también esta la de la joyería y, hasta hace poco, administraba con entusiasmo un alegre bar que, durante el tiempo que mantuvo sus puertas abiertas, fue lugar de encuentros y disfrute.

Y por qué no, anímense ustedes también, pasen y vean:

Un, dos, tres!…Fátima de Burnay

 

Jaime Lorente

Hora

Noviembre 29 (Martes) - Diciembre 9 (Viernes)

Lugar

Sala 'Escalera' (1.13)

Facultad de Bellas Artes, Cuenca

Organizador

Profs. Jaime Lorente

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